Por Armando Quesada Webb
Los Óscar nunca dejan de ser sinónimo de controversia. Este año, la premiación no estuvo exenta de giros, donde las estatuillas terminaron en manos de ganadores inesperados, en la mayoría de los casos para mal.
Roma, la aclamada cinta de Alfonso Cuarón, se llevó cuatro galardones: dirección, fotografía y película extranjera. Los tres premios son más que merecidos, aunque muchos apostaban a que esta película mexicana iba a salir victoriosa en más categorías, incluida mejor película.
El reconocimiento más importante de la noche se lo terminó ganando Green Book, el drama/comedia de Peter Farrelly sobre una relación de amistad interracial en el Estados Unidos de los años sesenta.
Green Book es un filme con buenas intenciones y que logra entretener, de eso no hay duda, pero el mensaje que transmite sufre de contradicciones que dan mucho de qué hablar. Por ejemplo, mucho se le ha cuestionado la trivialización de los temas raciales, las inexactitudes históricas sobre la vida de Don Shirley (Mahershala Ali) y el hecho de que sus personajes estén plagados de estereotipos raciales
Además, resulta extraño que Viggo Mortensen haya sido nominado en la categoría de Actor Principal por esta película, mientras que Ali haya estado en la sección de Actor de Reparto. Ambos comparten la pantalla por casi todo el metraje de esta historia, así que resulta arbitrario (y racista incluso) que hayan sido colocados en categoría diferentes.

Cuando se anunció la victoria de esta película, llamó la atención que entre el grupo de personas que subieron a recibir las estatuillas, no habló ni un solo afroamericano. Quedó claro en ese momento que esta es una historia concebida por blancos, que habla sobre el racismo desde la perspectiva de quien no lo ha sufrido directamente y en un afán de reconciliación, termina simplificando temas sumamente complejos.
Mahershala Ali ya ha demostrado ser un excelente actor, por eso su victoria, es el único de los tres premios de Green Book que no ha sido cuestionado. Sin embargo, la película también se llevó el premio de Mejor Guion Original, algo que resulta casi ofensivo dado el altísimo nivel de los otros guiones nominados en esta categoría. Roma, The Favorite y First Reformed son todas obras con muchísimos más méritos que el libreto de Farrelly.
Entonces no, Green Book no se merecía el Óscar y esto no es por un simple berrinche de las muchas personas que apoyaban a Roma, sino de lo mucho que representa la victoria de un filme con las falencias mencionadas anteriormente.
Esta no fue la única decepción de la noche. Tanto Bohemian Rhapsody como Black Panther obtuvieron demasiadas estatuillas en categorías donde no las merecían (a excepción de Mejor Actor para Rami Malek), lo cual deja un sinsabor enorme. Se vuelve imposible no cuestionar el proceso de selección de la Academia.
La razón detrás de todas estas decisiones sin sentido, podría ser la búsqueda de ratings televisivos. Este año la cantidad de televidentes aumentó en un 6%, después de que el año pasado la transmisión tuviera los números más bajos de la década para este evento.
En un intento desesperado de atraer nueva audiencia, la Academia ha optado por estrategias populistas que denigran al cine, como incluir una categoría de Mejor Película Popular o cortar de la transmisión el premio a Mejor Fotografía.
Al final, la Academia se tuvo que echar para atrás con estas decisiones debido a la reacción negativa del gremio. No obstante, al final premió a las películas más taquilleras, en lugar de las de mejor calidad. Puede que todo esto haya sido solamente una estrategia de marketing que tuvo resultados exitosos.
Crédito trailer:
YouTube – Cinescondite: “Green Book – Official Trailer #1 [HD] – Subtitulado por Cinescondite”
27 de febrero de 2019 – Imagen: oscars.com
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